miércoles, 21 de diciembre de 2011
Resplandor invernal
viernes, 16 de diciembre de 2011
Elige elegir

Una vez vi en un vídeo una interpretación del concepto tiempo diferente a la que conocemos. El recuerdo es un poco difuso, pero el autor explicaba que existía un pueblo indígena de Sudamérica, en el que el concepto espacio-temporal no es vivido tal y como nosotros lo entendemos. El motivo de todo esto es la base de la filosofía de vida de aquel pueblo. Y es que estas personas no pueden entender que haya un límite en hacer algo que tú deseas hacer. Pongo algunos ejemplos de nuestra delimitación del tiempo: Estudiante de medicina, carrera de medicina, cinco años. Comerciante, jornada laboral completa, ocho horas. Niño de primaria, escuela pública obligatoria, seis horas. Para estas personas dedicar tiempo a algo, es sinónimo de desear hacer algo, por eso cuando se les explicaba a este pueblo nuestra delimitación del tiempo se preguntaban: ¿Por qué poner límites a lo que deseas hacer?.
Sin embargo, para nosotros, en muchas ocasiones, dedicar tiempo a algo es sinónimo de obligación. En este pueblo, además, tampoco existen conceptos como el de esfuerzo o perseverancia, para ellos, palabras con connotación negativa relacionadas con algo de naturaleza positiva. En otras palabras, no entienden que algo que apasiona a alguien pueda estar ligado aspectos negativos.
La delimitación del tiempo en lo que estamos haciendo, nos coarta en la creatividad del trabajo en sí, nos fustra en las ocasiones en que las que lo que estamos haciendo no es nuestra vocación real, aumenta nuestro nivel de estrés pues nuestro foco de atención muchas veces no es capaz de proyectarse hacia otro pensamiento que nos equilibre, nos mantiene alerta y nos advierte de una fecha de fin que nos hace desconectar del momento presente y de la actividad en sí.
Son solo juicios de valor, que me llevan a una conclusión: y es que los límites temporales son formas de controlar una situación/tarea de naturaleza incontrolable, sea ésta o no agradable para quién la asume. ¿Quién estaría ocho horas realizando un trabajo sin remunerar que no es de su agrado por voluntad propia? Suena un poco absurdo pensar que una persona pueda pasar más de una tercera parte de su vida dedicando horas a algo que no le trae recompensa alguna. E igual de absurdo suena que esa misma persona delimite las horas cuando está haciendo algo que le apasiona. Esto último se llama ilusión, concentración en el momento presente, vida. Y si nos ponemos a rascar un poquito más, que a mi me encanta, el colmo de lo absurdo llega cuando una persona que realiza una labor en la que no tiene un mínimo entusiasmo tenga la obligación de acometerla sólo por el hecho de sobrevivir. Aquí es donde entraría el concepto de vivir para trabajar, con el que todos estamos tan familiarizados.
Supongo que no es sencillo, en un sistema tan "cuidadosamente" estudiado, comenzar a plantearse si este es el camino que queremos continuar en un futuro, si preferimos agachar las orejas, y aceptar que “un trabajo es un regalo en los tiempos que corren” y acepto lo que sea, y me siento un afortunado solo por ello o comenzamos a pensar en otras posibilidades de organización. Ojo, no estoy criticando a nadie que esté en esta situación, estaría bueno, y más en los tiempos que corren. Pero mi argumento va más allá, trato de preguntarme qué podemos sacar en claro de estas situaciones.
Me gustaría que llegara un día, que probablemente yo no veré, en que la gente tenga la oportunidad de elegir, y sobretodo sepa elegir, qué ser, cuál es su papel en la vida, cuáles son sus habilidades inatas, su tipo de inteligencia y se le facilite el acceso a esta información, mediante, como ayer me decía un amigo mío muy sabiamente “profesores guías” que no se dediquen a enseñar, si no a guiarnos por el sendero que de forma natural, nos sale caminar.
Hablaba también ayer con este amigo, del país de Bhután, y su sistema basado en el FIB (Felicidad Interior Bruta). Bhután es un país montañoso del sureste asiático, en el que sus habitantes miden su bienestar en base al incremento o descenso de su felicidad, basándose en los valores de bienestar psicológico, salud, educación, buen gobierno, vitalidad de la comunidad y diversidad ecológica.
¿Y si parte de la solución implicara compromiso? Un compromiso personal de aportar tu sabiduría y habilidades a tu comunidad, resultado de años de dedicación de ésta a la búsqueda de tu papel en la misma, durante los años de tu infancia y adolescencia, mediante la educación emocional y creativa, y con el apoyo de un gobierno que luchara con el objetivo de aumentar la estabilidad en la felicidad de sus habitantes.
Qué bonito suena, quizás a un mundo de color de rosa con el que todos soñamos alguna vez. Pero siempre insistiré en que los sueños se hacen realidad si existe verdadera voluntad de llevarlos a cabo (con un mínimo de realismo y sensatez, todo sea dicho). Y es que el gusanito no será mariposa mañana, si no que para que una sociedad se transforme, existe un "coste de transición" en años y personas dedicadas a que esto ocurra. Muchas de ellas, son personas que actualmente "sobreviven", pero que tienen sueños más allá de la supervivencia y más allá de su persona, y gracias a ellos y a otros muchos, las palabras pasarán algún día del tintero a la realidad.
Y es que, ¿qué limite temporal podría haber cuando haces algo que te envuelve? ¿Qué sensación de paso del tiempo puede tener un compositor musical que se pasa los días escribiendo sus melodías, actividad que más ama en el mundo? ¿Tendrá la misma sensación de paso del tiempo que una persona puede pasar delante de un ordenador durante una jornada laboral rutinaria?
El tiempo es subjetivo, y esa subjetividad depende de que estemos realizando una actividad en la que inconscientemente dejamos pensamientos ajenos de lado y somos capaces de fundirnos en ella, hasta ser solo uno.
El límite, sea del tipo que sea, no existe, el límite lo pones tú con tu elección de lo qué haces en la vida. Y si eres de los que hoy sobrevives y no tienes la oportunidad de elegir, elige elegir mañana.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Alguien especial
Ayer hubo una persona que me contagió. Una persona que jamás antes había visto en mi vida. Una persona, que a pesar de las diferencias que nos separan, supo ver lo que hay dentro de mí, y en un instante leyó cosas que yo en años había leído. Una persona que desató un proceso, hoy irrefrenable. Una persona que con sólo mirarme a los ojos despertó en mi sentimientos y emociones guardadas bajo llave. Una persona que ha conseguido que hoy mis dedos tiemblen al escribir, recordándola.Una persona, como otra cualquiera, sin nada especial, aparentemente. Una persona cuyas palabras me dejaron paralizada y no supe reaccionar. Quizás es que todo eso que me decía yo internamente lo intuía, pero su reconocimiento sacó de dentro de mí el apoyo y la fuerza que inconscientemente llevaba buscando hace mucho tiempo.
Sentir como sus palabras provenían de su corazón provocó infinitas emociones en mí. Ver sus ojos enrojecidos hicieron enrojecer los míos. Una persona que pasó desapercibida en muchos instantes en los que la tuve cerca, pero que a partir de este momento tendré presente aunque nuestros caminos no se vuelvan a encontrar.
La bondad de sus palabras, la sinceridad que vi en ellas, y el brillo de sus ojos, hicieron que mi ilusión se desatara, que mis ganas de seguir el camino de mi corazón se multiplicara.
Estos días he realizado un cuso de Inteligencia Emocional, en escuela de inteligencia, una experiencia inolvidable, difícil de describir con palabras, pero tremendamente sencilla vivirla desde el corazón.
Al principio estaba ausente, no conseguía introducirme de lleno en ese aura de emociones creada por un grupo de personas tan diverso. Tomé el papel de observadora, pero poco a poco y sin saber exactamente cómo, ocurrió. Y me encontré partícipe de ese clima tan especial.
Ojalá algún día todas las personas puedan vivir experiencias similares, y que la educación en inteligencia emocional sea una realidad. Experiencias en las que no existen máscaras, ni barreras, en el las personas abren su corazón y dan lo mejor de sí, con el sano objetivo de identificarse a si mismas y a los demás.
Gracias a ti, y a este curso, he recordado que los sueños se hacen realidad. Que las pasiones son reales si les pones un nombre y luchas por ellas. Que la belleza del ser humano es infinita, y que todos, absolutamente todos, tenemos esa belleza en alguna parte de nuestro interior. Sólo hay que rascar un poquito, a veces un muchito… pero siempre acaba saliendo.
Y es que cómo dice Hamlet Lima Quintana, hay gente, que con sólo decir unas palabras, enciende la ilusión y los rosales..
Y tú ¿de quién enciendes la ilusión?
y a ti ¿quién te enciende la tuya?
;)
sábado, 20 de agosto de 2011
Las ONG´s y su relación con los señores M
